La naturaleza del engaño

José se encontraba tenso, pues a pesar de que había dedicado mucho tiempo a preparar y surtir su negocio como correspondía, los clientes no llegaban con la asiduidad de antes, y no se explicaba la razón, aunque si podía asumir que podía tratarse de que la competencia había logrado propagarse más, pues contaban con mayores recursos, grandes espacios y otras facilidades, pero el seguía ofreciendo lo que ellos aún no podían, con toda su tecnología y recursos, un trato afable y personalizado, que muchos de sus clientes valoraban.

Era una de esas tardes, donde el gris pintaba el horizonte, aplacando un poco ese candente sol caribeño, y dejando flotar una suave brisa otoñal, cuando ve acercarse a uno de sus mayores clientes, el cual llega con una sonrisa y un saludo afectuoso, pues tenían tiempo conociéndose y el trato era demasiado cercano.

En ese momento Juan le indica a José que le tiene una propuesta que hará que produzca más ingresos y por tanto, revitalizará su alicaído negocio, a lo que José mostró una gran sonrisa, pues ya se encontraba en una situación en donde entendía que no valía la pena continuar, pues los pocos ingresos que recibía, no estaban cubriendo los costos de mantenimiento del mismo y ya sus ahorros se estaban agotando, por lo que entendía, que antes de que todo se perdiera, debía buscar la manera de encontrar otras fuentes de ingresos.

El planteamiento del negocio para José representaría un ingreso importante, que le permitiría, no tan sólo mantener el mismo, sino pensar en su ampliación, agregar otras características que le permitieran competir en mayor grado de igualdad a sus competidores, ya pensaba a imaginar lo que podría estar realizando con esto.

Tres meses ya habían pasado, José tuvo que acudir a un banco para conseguir un préstamo, porque para cumplir con los requerimientos que le indicó Juan en su propuesta de negocio, era imprescindible contar con una cantidad de dinero que le permitiera comprar lo indispensable y tenerlo disponible para entregarlo, sin embargo, a pesar de haber estado entregando durante esos 3 meses lo acordado a Juan, este no obtemperaba el llamado de José, que le pedía que necesitaba con urgencia que le comenzara a pagar, pues aparte de sus compromisos habituales, había adquirido otros de gran envergadura, y que ponían en riesgo, no tan sólo su negocio, sino los bienes de la familia.

Una mañana, el sol se mostraba inclemente, como si quisiera desplegar toda su furia contra este país caribeño, José no aguantaba la situación, pues ya habían pasado 7 meses y la situación con Juan no avanzaba, y ya no contaba con recursos para seguir comprando mercancías y mucho menos para pagar los compromisos contraídos con el banco, y lo que le preocupaba sobremanera, era el hecho de que los bienes de su familia se encontraban comprometidos, pero a todo esto, Juan solo inventaba excusas, de que el cliente final no lograba hacer despegar el negocio y que por tanto, no contaba con los recursos para pagar.

En ese momento, José entendió que no podía aguantar más, dejó a un lado su amistad con Juan, lo increpó de tal manera, que Juan quedó totalmente absorto, nunca había visto a José tan molesto e irradiando tanto odio y escozor, José le aseveró de manera enfática a Juan que nunca más harían negocio alguno, porque había puesto toda su fe en el negocio, y no sólo eso, los compromisos tan fuertes asumidos y que 7 meses después, no había recibido ningún ingreso por ese concepto.

José aprendió en ese momento, tal vez de la manera más despiadada posible, así como el sol caribeño mostraba sus rayos implacables, partiendo el sudor que recorría inagotable por su rostro apesadumbrado, que hay personas que tan solo le importa su subsistencia, aunque con esto se lleven de encuentro todo lo que hay en su camino, sin contemplaciones, ni amistad y mucho menos respeto.

3 meses después, José había logrado aplazar los compromisos con el banco, fruto de un acuerdo que pudo realizar al poner en práctica algunas cosas que había aprendido y que le permitían generar unos ingresos extras, tanto así, que pudo seguir con su negocio habitual, a la vez que desarrollaba otro, todo a prueba de un gran esfuerzo y dedicación. Pero José ya no creería más en promesas, entendió que hay personas que su naturaleza es el engaño, y que suelen disfrazarse, solo con la finalidad de obtener lo que quieran, sin importar el costo.

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