El tropezón farandulero

La crisis del 2003 fue devastadora para José, que se debatía entre seguir enfrascado bajo el suplicio de un empleo que le brindaba únicamente la oportunidad de subsistir, o enfrentarse a uno de sus mayores miedos, el poder ofrecer a clientes diferentes servicios, basado en sus conocimientos y experiencias.

De diferentes maneras José enfrentaba la situación existente, viendo como cada día lo poco que generaba en ingresos a través del exiguo salario que devengaba, lo cual resulta insostenible a mediano plazo, y a raíz de una situación que presentó su vehículo, aquel que a duras penas logró pagar de manera acelerada al banco, se encontró de frente con lo que podía ser una solución definitiva a sus recurrentes tropiezos.

Habiendo visitado varios mecánicos, que habían tratado de manera infructuosa determinar la razón del fallo recurrente en el vehículo de José, este ya sin esperanzas, decide escribir a un experto en mecánica, el cual de manera sorpresiva, respondió al poco tiempo a su inquietud, invitándolo a ir a su taller, para revisar su vehículo y poder encontrar el fallo que hasta el momento nadie había logrado encontrar y proceder a su solución.

Es en ese momento que hablando con ese experto mecánico, José se percata de que el mismo está atravesando por una situación con la persona que le gestiona un servicio, del cual José es bastante conocedor y creyendo ver una oportunidad y a la vez buscarle solución al problema del mecánico, le habla sobre sus actividades y conocimientos, a lo que el mecánico entusiasmado le dice que proceda y que si le soluciona ese problema, encontraría la forma a su vez, de solucionar el tema del vehículo.

En menos de una semana ya José tenía la solución del problema que el mecánico le había planteado, y al mostrarle, este quedó sumamente satisfecho y le indicó que de ahora en adelante, José tendría con el un trabajo asegurado, que le proporcionaría no necesariamente ingresos extras en ese momento, pero que a través de las recomendaciones que estaría haciendo en los diferentes medios donde participaba, en poco tiempo, se encontraría con suficiente trabajo y que los ingresos entrarían de forma automática.

Unos meses después, luego de muchos trabajos, largas horas de tener que escuchar y de gestionar los diferentes servicios, se encuentra que esos clientes referidos que llegarían, ya no lo harían de la forma como le había indicado al inicio el mecánico, sino que ya el discurso era otro, el de que particularmente José debía ir, sin ningún aviso ni aval para presentarse ante determinadas personas, sino que sencillamente acudiera como cualquier otro, para ofertar dichos servicios.

En ese transcurrir, todo parecía desvanecerse, y de repente ya no había tanta interacción, a pesar de seguir gestionando los diferentes servicios, sin recibir pago alguno, ni mucho menos aquellos clientes referidos que estarían disputándose los servicios de José.

Pero una tarde José de manera accidental, se topa con una situación que lo desconcertó por completo, se encontró de frente con una realidad a la cual nunca esperó, y es que de manera subrepticia el mecánico introdujo a otra persona a realizar los servicios que ya José venía de manera constante y por varios meses gestionando de forma eficiente, y que además de todo, esa persona mostraba ingresos de parte del mecánico, algo que siempre estuvo negado para José.

Al darse cuenta de esto, José se fue alejando, pues sus sueños y promesas se habían ido diluyendo cual rayo de sol al ir de manera apresurada mostrando el oscuro de la noche, y se pudo dar cuenta, de que había tenido uno de los mayores tropezones en su vida, al confiar que alguien a quien le solucionó una situación, sencillamente lo utilizó.

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