El día que José se quedó sin Negocio

Cabizbajo y pensativo, sentado en su saco de arroz, esperando esos clientes que por momentos se amontonaban, tratando de comprar los productos para la comida o la cena, pero pasaba el tiempo y solo de vez en cuando se escuchaba a alguien asomarse, preguntando por algún producto, el cual no estaba disponible, pues el inventario José no había podido restablecerlo, pues los ingresos no le eran suficientes, apenas alcanzaba para los gastos diarios de la casa, el colegio de los niños, energía eléctrica y otros tantos gastos fijos, que resonaban en sus espaldas.

José volvía a recordar como hasta hace unos meses su negocio marchaba excelente, tenía una clientela fija, que lo frecuentaba y compraba sus productos, porque este le brindaba siempre buenos precios y productos de alta calidad, sin embargo, el tiempo implacable mostraba signos de cambio importantes, pero José solo atinaba a escuchar algunos de sus clientes, que solicitaban no se moviera, porque les gustaba la forma en como se manejaba su negocio y que si promovía algunos cambios, podría perder esa supuesta gran clientela fija que día tras día agolpaba su negocio.

José estaba sumido en sus éxitos, y no se percataba de que los cambios son importantes, y que los nuevos tiempos indicaban que las cosas ya no eran como antes, que los cambios había que pensarlos, analizarlos y ejecutarlos bajo una planificación, que le permitiera convivir con lo nuevo y parte de lo viejo, y que hay que buscar la forma de que esos clientes que no se adapten a lo nuevo, puedan ver lo importante de esto y que no sientan temor.

Sin embargo, José estaba tan ensimismado en hegemonía, que perdió de vista el horizonte, y hoy lamentaba profundamente no haber hecho los cambios en su momento, y que nadie, ni siquiera aquellos que le decían que no debía cambiar, y que seguían solicitando los mismos productos bajo la antigua forma, estaban visitando su negocio, por lo que quedaba muy poco de lo que otrora fuera un gran negocio.

José entendió muy tarde que no se trata de proporcionarle al cliente lo que quiere en un momento dado, sino que el guardián del negocio es el propietario y que tiene que tener la suficiente certeza y conocimiento, así como amplitud y razonamiento, de que siempre se debe mirar al horizonte, lo que viene y lo que puede traer, y que lo que toca hacer o aprender, es como adaptarse, cambiar sin perder la esencia, asegurar el negocio a largo plazo, no pensar que se es todopoderoso, sino que simplemente es un jugador más entre los cientos de millones que existen, y que cualquiera puede suplir fácilmente su ausencia.

José estaba acostumbrado a su éxito, se ensimismo tanto en el, que no alcanzó a ver la debacle, y sus limitados conocimientos de lo moderno, de las tendencias, de los cambios, le impidieron ver lo que se avecinaba, cuando pudo cambiar en el momento en que algunos entendidos le indicaban con insistencia, José, debes moverte hacia este lado, busca la manera de convivir de otra forma, ahora estás recibiendo un gran caudal de clientes, pero la tendencia es hacía otro modelo, donde hay más competencia y debes esforzarte por llegar a ese nivel, para tener asegurado tu futuro.

El sol caía, y como siempre, José seguía sentado en su saco de arroz, esperando pacientemente que la multitud que anteriormente se apresuraba a realizar compras, se acercara y tuviera que pararse a atenderlos, pero sólo se escuchaba a la noche anunciar, que era tiempo de cerrar y esperar hasta mañana.

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