De repente escucho tu voz que me retumba temprano, te escucho hablar sobre lo que se hará en el día, el desayuno, que es lo que podemos hacer, para la comida y la cena, porque no importaba la hora del día ni lo que estuvieras haciendo, ya te encontrabas planificando lo siguiente, porque no dabas tregua ni dejabas nada al destino, todo tenía que estar bajo tu control, así como controlaste incluso tu partida física.

Hoy tendrías 84, un número alto, que encierra muchas vivencias, sin embargo, aunque ya casi hace unos 11 años que no te encuentras físicamente entre nosotros, sigues muy presente, porque tus experiencias, tu forma de vida, la manera en que manejabas todo, hizo que el tiempo que permaneciste de manera palpable, ocupara cada una de las cosas que necesitamos.

No recuerdo haberte regalado nada en particular, de esos regalos que siempre uno trata de llevar en los cumpleaños o fiestas, porque tu frase favorita para estas cosas era “tu presencia lo es todo, no necesito más”, porque así eras, me mostraste durante cada uno de tus pasos, que lo material era intrascendente, que lo importante era lo que podías dar, ese amor, esa entrega, y si, las tantas veces que me dijiste que no me enfocara en esos aspectos, que las demás personas siempre harían lo que entendían debían hacer y comportarse, que lo importante aquí era lo que sentías y como te sentías, tu forma de ser, y ese pon la otra mejilla, obviamente no podía faltar eso en tu vocabulario, por tu conocida devoción a Jesús.

Aunque no estás presente de manera tangible, aprendí que la vida continua, que siempre vas a estar cerca, porque cada una de tus palabras tiene su momento, ya sea cuando me veo enfrentado a una dificultad en el trabajo, cuando tengo esa sensación de impotencia ante ciertas adversidades, ahí apareces, porque te encargaste de mostrarme la forma de comportarme y de asumir los retos y situaciones a las que diariamente nos vemos expuestos, y que son parte esencial, porque nos ayudan a crecer, a entender como funciona la vida y la razón por la cual estamos aquí, y que nuestro paso, como lo fue el tuyo, debe dejar huellas indelebles, permanentes en cada una de las personas que están cerca de ti y que de una u otra manera impactas, porque ese es nuestro legado.

Al igual que tu sufro del ataque o reproche que hacen las demás personas, y es que me dicen, al igual que escuché muchas veces a otros decirte que casi no hablabas, pero inexplicablemente, recuerdo más tu voz que las de todos esos que se empeñaban en enrostrarte que supuestamente no hablabas, porque si, tal vez no durabas mucho hablando, porque ibas directo al punto, y exponías de una forma muy clara y perpicaz lo que querías transmitir, y soy un ejemplo claro de eso, aprendí de la mejor, ahora lo veo muy claro, tengo más de ti que lo que pensé y eso es parte de lo que hoy cuando estarías cumpliendo 84 lo recuerdo y celebro esa fecha.

Tal vez esté triste, como no estarlo, fuiste mi creadora, mi forjadora, mi sostén, aún en la distancia, siempre esa llamada alentadora, de regocijo, de alegría, de cercanía, sin importar lo que hubiera pasada, ahí siempre te mantuviste, y no porque quisieras aparentar ante nadie, porque ese silencio ensordecedor que manejabas tan bien, mostraba claramente lo que realmente sentías y solo te importaba que el receptor recibiera de manera idónea ese mensaje.

Hoy celebro tus 84 repitiendo tus pasos, mejorando y actuando como me mostraste, sin odios, a pesar de todo, sin rencores, pero si enfocado en lo esencial, en transmitir y ser lo que soy, sin doblegarme a pesar de las insistentes voces que ruidosamente quieren dominar el ambiente. Te celebro los 84 con amor y dignidad, cómplices en el silencio molestoso que tanto perturba a esos que no logran escuchar el mensaje.

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